Mi compañera de viaje, la ansiedad, la que siempre está ahí cuando no se le necesita, es capaz de sorprenderme haciéndome reaccionar de manera negativa ante cosas que siempre me han encantado.

Es un proceso que aún no acabo de entender muy bien, porque es capaz de conseguir que cosas que me encanta hacer me den un miedo horrible. Y es en estos momentos cuando me siento más desconcertada a la hora de enfrentarme a esos miedos, porque son desconocidos para mí. Sigue leyendo y descubrirás mi técnica del “modo OFF”.

Hace un tiempo estaba trabajando en una empresa, de esas a las que vas a trabajar y te vuelves a casa sin más, una empresa que me sacó del paro pero que tampoco me aportaba mucho más profesionalmente (a nivel personal conocí a gente muy maja). Y estando allí me surgió la posibilidad de cambiar a una empresa con mejores condiciones laborales y con un trabajo a realizar muchísimo más reconfortante. Para mí, el hecho de poder aportar nuevas ideas y experiencia en el puesto de trabajo en el que estoy es muy importante. Si siento que no aporto empiezo a frustrarme irremediablemente. Así que estaba ante una nueva oportunidad, llena de ilusión, con muchas ganas de aprender (a pesar de ser el n-ésimo cambio en pocos años) y muy motivada. Esa sensación de querer dejarte la piel por un proyecto que sabes que es bueno.

Es cierto que en este tipo de cambios la ansiedad siempre se presenta, seas ansioso o no, los nervios en los primeros días son algo normal. Siempre te preguntas si cumplirás con las expectativas del puesto de trabajo, si encajarás con la filosofía de la empresa y con tus nuevos compañeros…Lo que ya no es normal es que algo que te encanta hacer comience a darte pavor…como me pasó a mí con conducir.

Conducir me encanta, me relaja, me desconecta, me lleva a los lugares que quiero ir, me lleva a descubrir lugares nuevos y me da mucha libertad. Sin embargo, desde que empecé en la nueva empresa se convirtió en una tortura cada mañana durante meses…se me encogía el estómago, se me aceleraba el pulso, sudaba en pleno Enero (debéis saber que soy muy friolera) y no era capaz de respirar en los 20 minutos que duraba el trayecto.

Era una sensación tan contradictoria…me levantaba cada mañana contentísima por ir a trabajar, no me costaba nada salir de cama, me vestía, desayunaba sin problema. Todo normal hasta que cogía las llaves del coche. Ahí empezaban las palpitaciones, el sudor, los mareos, los temblores…20 minutos de tortura que al principio achacaba a los nervios, pero una vez pasado el primer mes empecé a preocuparme. Todo iba bien en la nueva empresa. Estaba aprendiendo, mis compañeros eran geniales y el trabajo me encantaba. ¿Por qué sigo poniéndome así al conducir? No sólo era al ir al trabajo, era cada vez que cogía el coche.

Cuando llegas a ese punto es cuando tienes que sincerarte contigo mismo, preguntarte si tienes algún problema escondido que no quieres reconocer, alguna preocupación escondida y pasé varios días pensando y volviendo a pensar qué era lo que me preocupaba pero no encontré nada. Y una vez que vi claro que nada me preocupaba y que no podía atacar en algo concreto entré en modo OFF.

En el modo OFF me hago el avión con mi ansiedad

El modo OFF es un modo fantástico de hacer que mi ansiedad se vaya. ¿Qué hago?: ¡Pasar de ella por completo! No podía dejar de ir a trabajar, así que era ella la que tenía que ceder. En el modo OFF apago el cerebro en los momentos críticos (¡ojo! ¡Respecto a la ansiedad, no para conducir!). No le doy importancia a las palpitaciones ni a los sudores, paso por completo y le digo “ya te irás, paso de ti. Te vas a cansar antes tú que yo” y eso fue lo que hizo que ese desasosiego fuese difuminándose en el tiempo, lentamente. A veces entramos en su juego y nos dejamos llevar. Tenemos que aprender a salir de ese círculo vicioso que nos engancha sin darnos cuenta. Además el modo OFF me permite verme más fuerte que mi ansiedad, que puedo luchar contra ella de una manera u otra. ¡Practicad el modo OFF!

Un año después, cuando lo recuerdo, me hace bastante gracia, porque os aseguro que el recorrido a la primera empresa era mucho más complicado e incluso una zona de accidentes habitualmente. Sin embargo, el nuevo trayecto es maravilloso…veo mi adorado Océano Atlántico (a veces calmado, otras enfadado), las Islas Cíes, veo la ciudad de Vigo (que me adoptó) y los montes que la rodean, los astilleros, los barcos, según la época veo el amanecer, bandadas de pájaros sobrevolando la mañana, el olor a mar. Es como un viaje sensorial que ahora disfruto cada día.

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